jueves, 20 de diciembre de 2012

Rajoy, promesas y reformas


A punto de cumplirse un año de la llegada de Rajoy al Gobierno, la mayoría de los balances se centran en sus promesas incumplidas y en el gran número de reformas emprendidas o al menos anunciadas.

Quizá el asunto de las promesas es de los que más reprocha la opinión pública al actual presidente del Gobierno. Durante la campaña electoral, Rajoy fue acusado de moverse con imprecisión y poca claridad: ¿Dónde está el programa oculto del PP?, se preguntaban muchos tratando de despertar recelo hacia su candidatura.

Aseguraba Rajoy que no sabía en qué estado encontraría las arcas ni de qué manera hallaría los distintos ministerios y que, por tanto, no sabía con exactitud qué haría y qué no. Y aún así, en los pocos asuntos en los que fue claro, ha tenido que hacer lo contrario de lo que anunció. El diario Público, por ejemplo, editó este pequeño catálogo de afirmaciones del PP en campaña negando una posible subida de impuestos o la implantación de copagos en asuntos sanitarios. Pero sobre todos estos asuntos Rajoy se mostró siempre bastante cauto: "no es mi intención subir los impuestos", dejando entrever que se se veía obligado a hacerlo por las circunstancias, lo haría.


Sin embargo la protección de las pensiones y la promesa de no tocarlas, ha sido una de las peores promesas incumplidas de Rajoy. Es quizá la que más ha podido costar tomar al presidente. En este asunto sí dejó la prudencia a un lado y aseguró, en diferentes ocasiones que las pensiones eran intocables.

Pero lo cierto es que si en algo fue claro Rajoy es en que pondría en marcha numerosas reformas estructurales. Tantas, que los Consejos de Ministros han creado una expectación informativa inédita hasta ahora todos los viernes. Tantas, que éstas llegan a "agotar" hasta la mismísima vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, que siente "cansancio retroactivo" tras un intenso "esfuerzo reformista" en este año.

No debemos olvidar la inestabilidad social que se vive ahora en nuestro país como consecuencia de la grave inestabilidad económica. Ni que las reformas contribuyen a aumentar esta inestabilidad (la marea blanca es un ejemplo de tantos). Ni que además existe otra grave inestabilidad social que culpa a la mala praxis de los políticos, causantes de la grave situación económica y social. Y que en medio de este clima -caldo de cultivo de cualquier cosa- una inestabilidad política es lo que peor vendría a España en estos momentos. Y, sin embargo, es lo que más falta le hace.

lunes, 22 de octubre de 2012

21-O: Rajoy salvado, Rubalcaba desaparecido y hundido mientras la izquierda da la campanada

La tercera contienda electoral que vive este país en menos de un año se ha saldado con el balance que resumo en el título y que paso a explicar a continuación. Pero empezaré por el final.

La izquierda, tanto en Galicia como en su versión nacionalista en el País Vasco, son sin duda las grandes triunfadoras de la noche electoral del 21-O. El surgimiento de la nada de Alternativa Galega de Esquerda (AGE) con su exultante candidato Xosé Manuel Beiras al frente ha dejado a Mario Conde con la cara de un chiquillo que mira la bolsa repleta de caramelos de otro: ya hubiera querido para sí una entrada en el Parlamento como ésta. Beiras ha sabido recoger el descontento que la oposición no ha podido canalizar. Y su vertiginoso ascenso causa envidia en el resto de las formaciones de izquierda del país: destacados dirigentes piden la unión de la izquierda anticapitalista.

Que el PP pierda en Galicia 135.000 votos es algo que les debe hacer pensar a los populares gallegos. Pero si desean evitar la autocrítica (qué ingenuidad pensar que la buscan, ¿verdad?), con sólo mirarse en el espejo del PSOE el consuelo les vendrá solo: en 4 años los socialistas ha sido capaz de hacer huir a 230.000 gallegos hacia otras opciones políticas.

En el País Vasco ha sido Bildu quien ha dado la sorpresa. Es sin duda la gran vencedora de la noche electoral al lograr el 25% de los votos emitidos. Todas las fuerzas políticas vascas han sido castigadas en mayor o menor medida por su electorado. Menos Bildu, que se presentaba por primera vez y por vez primera también sin la sombra de ETA acechando, justo al cumplirse un año de la última tregua anunciada por la banda terrorista y definida por ellos mismos como "definitiva".

El actual lehendakari en funciones, Patxi López, arrastra sobre sí la gran debacle socialista a nivel nacional. Todas las miradas están puestas en Rubalcaba, pero después de su gran ausencia en la noche electoral, en la que los silencios en Twitter son demasiado abrumadores, casi se puede decir que "ni está ni se le espera". Internet bullía anoche de críticas hacia el dirigente socialista que encara los peores tiempos del PSOE. Desde voces que advierten que "el suelo electoral está en el 0%", los sutiles señalamientos de nuevos dirigentes políticos como cabezas del PSOE en pleno recuento electoral, hasta las peticiones de la cabeza de Rubalcaba por parte de destacados socialistas sin ningún tipo de miramiento ni rubor.

Quizá porque le falta la decisión de dirigir el partido que le sostuvo la noche electoral del 20-N -cuando anunció que no abandonaba el barco pese a los malos resultados electorales- Rubalcaba es sin duda el gran fracasado del encuentro electoral vasco y gallego. Los titubeos en sus decisiones le han dejado sin argumentos de oposición. Del apoyo en las grandes decisiones de Estado, a la denuncia de los recortes que su propio gobierno iniciara hace poco más de un año, y hasta la decisión de no apoyar un rescate económico a pesar de saber que lo habría tenido que realizar de estar en el poder, han hecho del Partido Socialista una figura desdibujada, un partido incoherente y sin apoyos en la calle, con una sociedad que prefiere no votarle antes que taparse la nariz; que se echa a la calle y se avergüenza de unos dirigentes demasiado esclavos de su miopía orgánica o completamente atrapados por la cúpula jerárquica de la oligarquía de partido.

¿Y Rajoy? Salvado. Por la campana, la de Feijoo. Ha perdido votos. Demasiados en el País Vasco, donde a Basagoiti le ha pasado factura a una nueva forma de entender la política vasca. Y un buen puñado también en Galicia, a pesar de aumentar en escaños y lograr una mayoría absoluta más holgada -¿cuándo se reformará esa injusta y actualmente inexplicable Ley D'Hont?-. Pero el presidente se ha salvado in extremis de una gran crítica a toda su política, a sus recortes y a su gestión de una crisis que levanta ampollas en toda la sociedad, gracias a que los resultados en Galicia le han sonreído más de lo que él mismo podía esperar. La política de recorte que iniciara Feijoo en su tierra hace tres años, preludio en parte de la que haría Rajoy a nivel nacional, ha dado su fruto en un electorado que en tiempo de crisis prefiere aferrarse en su mayoría a lo convencional. Siempre y cuando, eso sí, esa mayoría supere la de una cada vez más importante masa crítica que prefiere hacerse fuerte a la izquierda. Cree en el sistema y participa, pero da la espalda a los que hasta ahora se llamaban de izquierdas y no lo eran.

En resumen, la derecha resiste mientras la izquierda coge fuerza; algunas voces, y la experiencia gallega, le animan a unirse haciendo desaparecer a un PSOE que está completamente hundido. Y su dirigente, a estas horas, todavía desaparecido.

lunes, 24 de septiembre de 2012

La radicalización y la crisis

En tiempos de crisis, los discursos se radicalizan con una facilidad pasmosa. Y eso es peligroso. Bastante, además.

Estamos ante una grave situación económica del país, con 5 millones de parados y previsiones de llegar a 6. El malestar social va en aumento debido a los problemas económicos que sufren cada vez más personas. Además, la indignación se ha apoderado de gran parte de la sociedad española: los lejanos e "inocentes" culpables del pinchazo inmobiliario están muy lejos de vivir las nefastas consecuencias económicas que tuvieron y tienen sus acciones. Mientras, la inmensa mayoría de los ciudadanos, sufren al ver aumentados sus impuestos, recortados sus sueldos y son obligados a prescindir de cada vez más servicios sociales que necesitan.

Es una crisis en toda regla. De ésas que estudiábamos en Historia, de ésas que llevaron a los grandes cambios que vivió la Humanidad. Una de ellas, la más importante y reciente, fue la Revolución Francesa, que supuso el fin del Antiguo Régimen social, económico y político que se había conocido hasta el momento. Entonces, como ahora, el hastío de la sociedad contribuyó a alimentar las ganas de cambio y el rechazo a la clase política dirigente del momento, a la que se culpaba de la mayoría de los males que sufrían. Los problemas económicos por las subidas de impuestos y el encarecimiento de los precios, que entonces se traducían en auténticas hambrunas y graves enfermedades y epidemias como consecuencia de las durísimas condiciones de vida, avivaba el fuego de la indignación social.

Hoy, como entonces, los ciudadanos parecen dispuestos a querer terminar con situaciones que rechaza. Desde que el movimiento 15-M tomara las calles y las plazas hace año y medio -mucho hemos escrito en este rincón de ello-, las distintas plataformas que conforman este movimiento ciudadano no han tenido muy claro cómo reactivar la mezcla de indignación, solidaridad, empatía y simpatía de los españoles que les llevaron a cosechar grandes éxitos de participación durante las semanas que duraron las acampadas en las principales plazas de España.

Finalmente, el 25 de Septiembre ha sido la fecha elegida para tratar de reactivar ese malestar que consiguió aunar tantos descontentos y convertir a España en el punto de mira de todo Occidente -gracias a las numerosas réplicas obtenidas en distintos países-. El objetivo, 'ocupar' el Congreso, es en parte provocador, pero localiza geográficamente a los que considera culpables de sus males (como antaño La Bastilla), librando de mayores perjuicios a los comerciantes de las plazas ocupadas hace un año.

El hecho de que Sánchez Gordillo, el ahora famoso alcalde de Marinaleda -escudado tras su aforamiento de diputado autonómico andaluz- iniciara este verano una serie de acciones reivindicativas revolucionarias, atracando supermercados y 'ocupando' fincas rurales, no es más que una demostración de la facilidad con la que se radicalizan los discursos con el beneplácito de muchos, aceptando como válidos comportamientos que echan por tierra el Estado de Derecho que tenemos y que, si bien tiene muchas imperfecciones, es lo mejor que hasta ahora hemos logrado tener.

Desde la otra orilla, el aterrizaje en política de Mario Conde (esperado desde antes de que fuera condenado a prisión) complica aún más la percepción de la política por la ciudadanía. Conde, que ha estado preparando su entrada en escena desde hace años con el apoyo mediático de la derecha, pretende introducir aire fresco en un sistema de poder (denunciado por él mismo como El Sistema) que él conoce bien por haberlo 'habitado' de alguna manera durante años. Como el partido de Rosa Díez hace con el PSOE, pretende ser cobijo de votantes descontentos pero con una clara tendencia de voto. Precisamente, el hecho de que esté amparado por un grupo mediático que se autoposiciona como de derechas, mientras se presenta como salvaguardador de los derechos ciudadanos desde su partido Sociedad Civil y Democracia, no hace sino ensombrecer y encallar aún más un salto a la política que suena a venganza más que a servicio.

Es cierto que las comparaciones son odiosas. Y no pretendo ser alarmante. Pero la Historia la tenemos para estudiarla, para aprender de ella y para no cometer de nuevo los mismos errores. Estamos en Crisis, con mayúsculas, sí. Pero por favor, tengamos mucho cuidado con la radicalización de los discursos. Son peligrosos.