Va a ser criticado por muchos, pero yo lo aplaudo. Juan José Cortés (el padre de la niña de Huelva que fue asesinada pero estuvo desaparecida durante un mes, y que sobrecogió a media España) ha sido nombrado asesor del PP para la Reforma del Código Penal. Pero hace mucho que había advertido de su decisión de entrar en política.
Eran los días en los que Cortés había realizado una cruzada por todo el país recogiendo firmas para solicitar al Parlamento un endurecimiento de las penas por delitos sexuales -ya que el presunto asesino de su hija había sido condenado anteriormente por un delito sexual y, por un fallo judicial, no estaba entre rejas-. Se codeó entonces con los grandes de la política de España, y el militante socialista, vecino de la obrera barriada del Torrejón de Huelva salió en la prensa fotografiado con el mismísimo Zapatero; con miembros de la directiva del PP; o con el alcalde de Huelva, Pedro Rodríguez, en el gallinero de invitados del Congreso de los Diputados.
Cesada la tempestad, el pasado mes de septiembre, Juan José Cortés amagó una entrada a la vida política en las municipales de Huelva como candidato de UPyD. Pero quedó en agua de borrajas. Nadie confirmó ni desmintió nada en unas complicadas jornadas informativas para los compañeros periodistas que acudieron a cubrir la información al Hotel Monteconquero de Huelva, tras las que aseguró estar abierto a escuchar propuestas del PP o del PSOE.
Mucho se habló entonces, igual que ahora, acerca de si era oportuno o no su entrada en la política. Es el padre de una niña asesinada, que fue conocido en media España mientras la buscaba, y reconocido mientras recogía firmas para endurecer la ley por la otra media. Y que demostró una gran entereza y coraje en ambos momentos, logrando por ello el apoyo y la simpatía de muchos. Y ganando también la empatía, porqué no decirlo, de aquellos que se solidarizaban con su dolor y se admiraban de su fortaleza y su temple.
Sus detractores, tanto entonces como ahora, alegan que se aprovecha de la muerte de su hija para su propio beneficio. Y ahora, además, que no tiene conocimiento ni prestigio suficientes para ser nombrado asesor del PP en asunto tan grave como la reforma del código penal. Sus defensores, por contra, que es un padre coraje y que tiene tanto derecho como los demás.
Yo, personalmente, opino que su nombramiento como asesor jurídico no ha sido más que una excusa que se han montado en Andalucía para que Cortés pueda entrar en el PP por la puerta grande, con las bendiciones de arriba y, de paso, aupar un poco al de Madrid. Que estaba cantado y recantado que Cortés acabaría rompiendo su carnét de afiliado al PSOE, tal y como hizo de manera figurada la semana pasada. Que era evidente que la defensa de su petición en el Congreso de endurecimiento de las penas estuvo arropada principalmente por el Partido Popular. Que el equipo municipal de Pedro Rodríguez hizo una gran labor de apoyo y seguimiento personal al drama familiar (y casi nacional) que vivió Cortés en aquellos terribles días de la desaparición de Mari Luz. Y que fue sin duda entonces cuando Perico vio la luz que desprendía el padre y plantó la semillita que hoy hemos visto convertida en un hermoso embarazo.
El hijo nacerá cuando anuncie su entrada en las filas del PP en puestos de salida muy cerca de Pedro Rodríguez. Porque no duden que esto ocurrirá. Y a mí me parece bien por ambas partes. Estratégicamente, el PP de Huelva hace bien en acercarse a una gran figura mediática (que ha llegado a serlo por una terrible desgracia, es verdad) de Huelva, tremendamente populista -al igual que lo es Pedro Rodríguez- y que le puede hacer ganar una gran cantidad de votos en la ciudad. Le aportaría, además de populismo, frescura y renovación a un equipo que está ya un tanto desgastado como consecuencia de las cuatro legislaturas que lleva gobernando la ciudad. Y en modo alguno es una utilización partidista del dolor. La introducción de Cortés en un partido es, si acaso, la utilización de un hombre de entereza e integridad, cualidades que bien nos gustaría que tuviera toda la clase política.
Y al otro lado de la balanza, Cortés aparece como el gran beneficiado de una gran desgracia que le afectó de lleno. Pero Juan José Cortés ya era grande, fuerte, corajoso y firme antes de perder a su hija. De no ser así habría sido imposible que se diera la vuelta así mismo como un guante, de un día para otro, y sacar fuerzas para cruzar Huelva entera buscando a su hija primero, y atravesar media España buscando apoyo después. No nos equivoquemos. Aquí no es el hombre quien se aprovecha de una desgracia. Aquí es la desgracia que se ceba en un hombre que, por ser profundo y poseer de un sentido para la vida, fue capaz de llevarla dignamente y no hundirse en el dolor.
Y así, en medio de su lucha, aparece la posibilidad de renacer. Pone un punto y aparte en el libro de su vida que ha estado escribiendo. Comienza un nuevo capítulo porque, tras una desgracia personal de esa trascendencia, la vida no debe quedarse para siempre anclada en el pasado. Ahora hay que mirar hacia adelante. Si algún día Juan José Cortés entra en política y pide el voto en nombre de su desaparecida hija, pensaré que ha perdido la grandeza que un día demostró. Si, por el contrario, se sube a este tren que se para en su estación y se pone de verdad al servicio de los ciudadanos, lo aprobaré y aplaudiré. En estos momentos de gran desprestigio de nuestra clase política, siempre vendrá bien un poco de aire fresco que trate de poner luz en la oscuridad, introduzca el espíritu de servicio a los ciudadanos perdido y le reporte algo de su maltrecho valor.
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